lunes, 23 de junio de 2014

Monedas

Cada mañana me levantaba pensando en aquellas personas que no pueden o no pudieron salir adelante. Mi historia comienza en un bus de camino a la universidad. Un joven sube y le dice respetuosamente al conductor que si lo deja vender sus dulces. El chico tenía los ojos claros, color gris y un cabello algo brillante y castaño. Vestía una camiseta blanca un poco gastada y un pantalón verde.   El conductor lo piensa tres veces y después de respirar profundamente le dice que sí. El joven, tímido y noble, ofrece sus dulces. Algunas de las personas ignoran su voz. Al terminar, pasa por cada puesto pidiendo colaboración.  Yo metí mi mano al bolsillo y saqué unas cuantas monedas, no muchas. Después de dárselas recibí un dulce por parte de él. Entonces el joven sonrió, dio un giro y gritándole al conductor que frenara para bajarse, se despidió y se fue.


Yo me quedé observando por la ventana y vi que un señor viejo y desgarbado, que usaba un bastón para mantenerse en pie, le quitaba las monedas al joven. Me bajé del bus y fui corriendo  a decirle al señor que esas monedas le correspondían a aquel joven. Después fui a buscar al chico por un callejón algo despoblado y oscuro, pero eran casas muy lujosas. Estuve viendo casa por casa, hasta que por una ventana reluciente vi el rostro de aquel joven iluminado con una sonrisa. Estaba bien vestido y lucía feliz. Entonces me di cuenta de la labor que aquel joven cumplía cada día.

LUIS EDUARDO VALENCIA