lunes, 5 de agosto de 2013

Crónica de Cristian Valencia (Escritor invitado)

Historia humana de…Un anillo de oro
POR CRISTIAN VALENCIA. FOTOGRAFÍAS: MARCO AURELIO © 2008

Desde los ríos del Chocó hasta las finas joyerías de Medellín, el escritor Cristian Valencia le siguió los pasos a un gramo de oro que terminó convertido en anillo.

Treinta minutos antes de partir de Quibdó hacia Medellín llegó Jota, un poco nervioso, y se sentó en nuestra mesa. Lo conocíamos porque trabajaba para un "don" de una mina, con quien habíamos hablado. De pronto sacó un paquetico envuelto en esparadrapo, del tamaño de una cajetilla de cigarrillos Pielroja, y dijo:

—Guárdelo, guárdelo.

—¿Qué es? —pregunté.

—El oro —contestó en voz baja, como si me estuviera regañando.

El fotógrafo y yo quedamos petrificados. Se suponía que enviarían a un hombre para llevar ese oro a Medellín. Pero jamás consideramos que ese hombre fuéramos nosotros. En todo caso le pregunté a Jota si podíamos pasar ese oro por el escáner de la policía sin problema. Me dijo que sí, que claro.

—¿Puedo sacar esta libra de oro así no más?

—Usted es como güevón —dijo—. Se lo tiene que meter dentro del zapato porque el escáner solo revisa del tobillo para arriba. ¿Usted nunca ha llevado nada así?

—No —dijimos al tiempo el fotógrafo y yo.

Lo que nos proponía Jota era ilegal. No porque sea ilegal transportar oro en un avión, sino porque es ilegal hacerlo sin la certificación de pago de regalías. Y por tierra ni el más osado maleante se atreve a llevar una libra de oro, con papeles o sin ellos, porque en la zona los chismes vuelan y en segundos todo el mundo sabrá que hay una libra de oro silvestre moviéndose por carretera.

Pese a nuestra desconfianza, yo quería seguir adelante porque me sentía en una película de vaqueros, de esos que atracaban diligencias. Le pregunté a quién le debíamos entregar eso en Medellín.

—Allá los contactan.

—¿Quién?

—Un hombre los contacta ahí mismo en el Olaya, sin salir de donde entregan las maletas.

—¿Cómo se llama?

—Él ya sabe que ustedes llevan eso, y los contacta.

Marco, el fotógrafo, preguntó si podía sacarlo en la mesa para hacerle unas foticos.

—¿Cómo se le ocurre? El oro trae muchos enemigos.

Entonces Marco dijo que si no podíamos sacarlo ni en la cafetería del aeropuerto ni en el avión ni en ninguna parte, ¿qué sentido tenía que nosotros lleváramos eso hasta Medellín?

—No sé, pero aquí donde estamos todo el mundo sabe que ustedes tienen algo que ver con el oro, porque todo el mundo me conoce y sabe en qué trabajo.

—Carajo, man —dije—. Entonces le vamos a devolver eso en presencia de todo el mundo. No vaya y sea que algún equivocado piense que llevamos la bobadita de una libra de eso dentro del zapato. Y hum.

—Como quieran —dijo y se fue, igualmente azarado, con eso en el bolsillo.

Quizá no fue en ese día que me di cuenta de que el asunto del oro era un problema de vaqueros de nuestro far west, pero sí alcancé a imaginarme cómo sería aquello del contacto en el Olaya. Imaginarme, por ejemplo, que Jota había encontrado la manera de tumbarle una libra de eso al "don" valiéndose de nosotros. Entregándole la información a otro contacto. Y que nos acusarían de habernos birlado una libra de oro, la bobadita de 22 millones de pesos así no más. 

Pero ese día, cuando el avión decoló y nos dejó ver la espesa selva, me quedé pensando en la cantidad de historias que se cuecen en esa manigua. Entonces recordé unos versos de Borges a los hermanos Iberra, que hablan de soberbia, codicia y coraje, y terminan sin esperanza: Así, de manera fiel / conté la historia hasta el fin / es la historia de Caín /que sigue matando a Abel. Y supe que esos versos eran verdad.

Verdad que tras ese anillo de oro que Alexánder y Leidy Johanna piensan comprar para su matrimonio, puede haber cosas terribles de por medio: una selva inhóspita y dura; una nube de hombres armados; hectáreas devastadas por las retroexcavadoras y el mercurio; comunidades venidas a menos;… y muertos.

domingo, 4 de agosto de 2013

¿Qué tienen en común CSI, Dr. House y Criminal Minds?

¿Reconoces estas series de televisión? ¿Sabes qué tienen en común?


  

Si tu respuesta fue: misterio, enigma, investigación o astucia, entonces estás en lo correcto. Pero, quizá lo que tú no sabías es que los personajes y situaciones presentadas en estas series están inspiradas en clásicos de las narraciones policíacas o detectivescas. 


1. Las aventuras del Sherlock Holmes, escrito por Arthur Conan Doyle.


2. El candor del padre Brown, del escritor Gilbert K. Chesterton
3. Edipo rey, de Sófocles. Si crees que esta obra no hace parte del género policíaco, ten en cuenta que en esta obra hay mínimo un crimen: Edipo asesina a su padre.

Espera más clásicos de misterio, para que disfrutes la lectura.