MI TÍA MUERTA
Era sábado. Una noche en la
que toda la familia celebraba con aguardiente el triunfo de la selección
Colombia, en el partido contra Argentina. Ninguno se había percatado de la
ausencia de mi tía. En medio de la celebración apareció un viejo amigo de la
casa. Contó que había visto a mi tía sola y borracha. Entonces la celebración
se detuvo.
La familia de inmediato
llamó a la policía. Después de un rato de espera llegaron dos agentes; la
familia contó todo lo sucedido.
La policía se puso en
marcha, en busca de mi tía, no sin antes interrogar a quien trajo la
información. El viejo amigo dijo haberla visto por la calle catorce, la que
pasa cerca del de la discoteca. Los agentes se fueron por donde indicó el viejo
amigo.
Después de unas horas
regresaron los dos policías. Dijeron que mi tía había muerto ahorcada y
violada. Sin embargo, los detectives investigaron el caso y llegaron a la
conclusión que quien la violó y la mató era conocido. Además, varios testigos
aseguraron haber visto regularmente a mi tía con otra persona. Los policías
también hallaron una carta vieja y arrugada que decía a mi tía que la quería y
que no podía vivir sin ella.
– ¿Ese viejo amigo era muy
cercano a ella? – preguntaron los detectives a la familia.
– Jamás nos dimos cuenta que tuvieran algo, pero
siempre andaban juntos como buenos
amigos – contestó la familia.
– Sí tuvieron algo, pero eso fue hace muchos
años – agregó mi madre.
Los detectives agradecieron
la información y se fueron.
Al día siguiente, por la
mañana, llegaron los detectives diciendo que ya habían encontrado al culpable.
La familia preguntó quién había asesinado a mi tía. Fue ese viejo amigo. Encontraron huellas de él
por todo el cuerpo de mi tía. Además, en la chaqueta de él fue hallada una vieja
carta que había escrito ella, en la que le decía que ya no lo quería, que
dejaran las cosas así.