Mi
día no podía estar mejor. Sí, es que mi amiga de graduación por fin me aceptó
una ida a cine.
Ya
se acercaban las tres de la tarde pero ella no estaba lista. Decidí tomar un
café, a ver si por lo menos me podía sostener. Salimos a coger el masivo. No
pensé que mi vida fuera a cambiar en ese bus.
Nos
subimos, y no lo pude evitar. Ella estaba allí, mi ex. Una mujer que siempre me
había impactado. Yo trataba de conquistar a mi amiga, pero la presencia de mi
ex novia me impedía articular las palabras. Después de un recorrido en
silencio, cuando faltaban dos estaciones, yo seguía paralizado. Y justo cuando
me quedé como un estúpido, parado sin hacer nada, mi amiga me lanzó un beso y
yo la esquivé. Todo porque ella, la otra, me observaba.
En
la siguiente parada se subió el novio de mi ex, así que perdía mi tiempo.
Mientras que mi amiga sólo quería algo conmigo, pero como yo no pude decirle
nada y mucho menos besarla, decidió irse para no verme jamás. Lo más impactante
es que mi ex novia ya está muerta. Mi amiga, por otro lado, pudo estar conmigo
una noche que no he olvidado. Pero todavía sigo metido en ese cuento. A veces
creo que ella también está muerta.
CÉSAR VIVAS