lunes, 7 de octubre de 2013

Cuento de Fabián Figueroa

MI TÍA MUERTA
Era sábado. Una noche en la que toda la familia celebraba con aguardiente el triunfo de la selección Colombia, en el partido contra Argentina. Ninguno se había percatado de la ausencia de mi tía. En medio de la celebración apareció un viejo amigo de la casa. Contó que había visto a mi tía sola y borracha. Entonces la celebración se detuvo.
La familia de inmediato llamó a la policía. Después de un rato de espera llegaron dos agentes; la familia contó todo lo sucedido.
La policía se puso en marcha, en busca de mi tía, no sin antes interrogar a quien trajo la información. El viejo amigo dijo haberla visto por la calle catorce, la que pasa cerca del de la discoteca. Los agentes se fueron por donde indicó el viejo amigo.
Después de unas horas regresaron los dos policías. Dijeron que mi tía había muerto ahorcada y violada. Sin embargo, los detectives investigaron el caso y llegaron a la conclusión que quien la violó y la mató era conocido. Además, varios testigos aseguraron haber visto regularmente a mi tía con otra persona. Los policías también hallaron una carta vieja y arrugada que decía a mi tía que la quería y que no podía vivir sin ella. 
– ¿Ese viejo amigo era muy cercano a ella? – preguntaron los detectives a la familia.
– Jamás  nos dimos cuenta que tuvieran algo, pero siempre andaban juntos como  buenos amigos – contestó la familia.
–  Sí tuvieron algo, pero eso fue hace muchos años – agregó mi madre.
Los detectives agradecieron la información y se fueron.

Al día siguiente, por la mañana, llegaron los detectives diciendo que ya habían encontrado al culpable. La familia preguntó quién había asesinado a mi tía.  Fue ese viejo amigo. Encontraron huellas de él por todo el cuerpo de mi tía. Además, en la chaqueta de él fue hallada una vieja carta que había escrito ella, en la que le decía que ya no lo quería, que dejaran las cosas así. 

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